Cruzando avenidas, recorriendo calles, leyendo avisos y carteles, montada en un bus sin saber por dónde va, llegando a destinos inciertos, conociendo nuevos lugares, viendo otras gentes, conociendo esa otra cara de la ciudad, esa que me excluye por ciertas condiciones de clase y de estados bancarios que ni siquiera poseo, veo que siempre hay algo más: encontrar la esperanza que sí se pierde de primeras -porque hay días en los que mi fe en la humanidad se va para el carajo por la mierda que tienen algunos en su cerebro-, pero que de cuando en vez se asoma por mis lares para decirme que aun existe gente que se preocupa por la otra gente.
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domingo, diciembre 28
jueves, noviembre 1
Y hablando del Jalogüin…
Lo que me gusta del 31 de octubre es ver a todo ese mar de chiquillos disfrazados de cuanta cosa se les ocurre, pues la gran mayoría se ven muy tiernitos con esa vestimenta tan bonita. Pero en esta sociedad capitalista un disfraz medio decente es de precio astronómico, que obviamente pocos padres están en la condición de pagar.
Es por eso voy a exaltar la recursividad de unos cuantos que se niegan a perderse la festividad. De lo que vi anoche cabe resaltar esos disfraces que resultan de combinar de manera exótica y colorida la ropa del armario para construir algún extraño personaje, como la fanática del grupo RBD que no duda en ponerse la pinta que le dieron hace como dos navidades para cantar el ♪ Triqui triqui jalogüin ♪ o el recién puberto (que como está grandecito los papás no van a seguir con el gasto del disfraz), no puede con la idea de que ha dejado aquella época en que comía dulces gratis, entonces decide ponerse cualquier antifaz o máscara de Dragon Ball Z y se une a la horda que va de tienda en tienda mandando una maldición si no le dan una golosina. Y ahora está de moda que las madres tengan un papel más activo en el ritual (aparte de acompañar al hijo y decirle que los dulces que recoja le tienen que alcanzar para el próximo jalogüin), colocándose una discreta peluca de tiras de papel brillante o una diadema con orejas de cualquier lobo animal, que si el niño es afortunado y tiene corta edad, no se dará cuenta del ridículo que está haciendo (él y su madre).
Como dice una canción que no me acuerdo cómo se llama: ¡Qué viva la fiesta!
Es por eso voy a exaltar la recursividad de unos cuantos que se niegan a perderse la festividad. De lo que vi anoche cabe resaltar esos disfraces que resultan de combinar de manera exótica y colorida la ropa del armario para construir algún extraño personaje, como la fanática del grupo RBD que no duda en ponerse la pinta que le dieron hace como dos navidades para cantar el ♪ Triqui triqui jalogüin ♪ o el recién puberto (que como está grandecito los papás no van a seguir con el gasto del disfraz), no puede con la idea de que ha dejado aquella época en que comía dulces gratis, entonces decide ponerse cualquier antifaz o máscara de Dragon Ball Z y se une a la horda que va de tienda en tienda mandando una maldición si no le dan una golosina. Y ahora está de moda que las madres tengan un papel más activo en el ritual (aparte de acompañar al hijo y decirle que los dulces que recoja le tienen que alcanzar para el próximo jalogüin), colocándose una discreta peluca de tiras de papel brillante o una diadema con orejas de cualquier lobo animal, que si el niño es afortunado y tiene corta edad, no se dará cuenta del ridículo que está haciendo (él y su madre).
Como dice una canción que no me acuerdo cómo se llama: ¡Qué viva la fiesta!
De las festividades de fin año

‘Juemadre!, se acabó el año y como siempre no he hecho nada de las miles de cosas que tengo por hacer, y lo peor de todo es que ya estoy apunto de tirar la toalla.
Sin embargo tanto trabajo no me ha impedido observar el extraño comportamiento humano en situaciones naturales, que es donde está lo emoción del asunto (a veces hacer ciencia en el laboratorio es algo tedioso).
Cada vez más se evidencia las ganas de este pueblo por andar emparrandado, pues la navidad comienza apenas se termina la celebración del día del amor y la amista’, que es otro motivo para celebrar en grande. En mis tiempos uno veía los arbolitos de navidad por ahí el 1º de diciembre, a lo más a mediados de noviembre; se dejaba pasar el jalogüin tranquilo, con el cuento del disfraz y de la pedida de dulces, pero hoy uno ve hasta los perros disfrazados de Papá Noel en pleno 31 de octubre. Desde hace rato ya están vendiendo los accesorios navideños para decorar la casa, y ya se divisan las estrellitas y demás adornos que suelen poner en las principales avenidas de Bogótica.
Después no nos preguntemos por qué figuramos en los primeros lugares de los países más “felices” del mundo, pues el colombiano promedio busca en las miles de ferias y fiestas que aquí se ofrecen, la satisfacción que esta sociedad se niega concederle. Aquí, la felicidad que registran las encuestas, es una cuestión de placer.
Sin embargo tanto trabajo no me ha impedido observar el extraño comportamiento humano en situaciones naturales, que es donde está lo emoción del asunto (a veces hacer ciencia en el laboratorio es algo tedioso).
Cada vez más se evidencia las ganas de este pueblo por andar emparrandado, pues la navidad comienza apenas se termina la celebración del día del amor y la amista’, que es otro motivo para celebrar en grande. En mis tiempos uno veía los arbolitos de navidad por ahí el 1º de diciembre, a lo más a mediados de noviembre; se dejaba pasar el jalogüin tranquilo, con el cuento del disfraz y de la pedida de dulces, pero hoy uno ve hasta los perros disfrazados de Papá Noel en pleno 31 de octubre. Desde hace rato ya están vendiendo los accesorios navideños para decorar la casa, y ya se divisan las estrellitas y demás adornos que suelen poner en las principales avenidas de Bogótica.
Después no nos preguntemos por qué figuramos en los primeros lugares de los países más “felices” del mundo, pues el colombiano promedio busca en las miles de ferias y fiestas que aquí se ofrecen, la satisfacción que esta sociedad se niega concederle. Aquí, la felicidad que registran las encuestas, es una cuestión de placer.
domingo, diciembre 24
Navidad en Bogótica
En estas épocas Bogótica no es tan Bogótica. Gracias a la gestión de nuestro alcalde Lucho, este año la ciudad está muy bonita: luces por muchos sitios (parques, calles, centros comerciales) juegos pirotécnicos, actividades lúdicas para toda la familia, novenas y muchas cosas más de las cuales no se entera uno. De ante mano mis felicitaciones para Lucho, definitivamente se lució en este diciembre, Bogotá le quedó bien bonita.
Los parques que me han dejado matada hasta ahora fueron el de la 93, el del Virrey y el Simón Bolívar. Se hará todo lo posible por visitar más lugares, no se ve una cosa como estas todo los días, así que hay que aprovechar.
Sólo me queda desearles Feliz Navidad, espero que la pasen rico, que disfruten y se la gocen. Sí no reciben muchos regalos pues como me dijeron ya hoy, que me les den bastante amor.
*Dicen que la Plaza de Bolívar y el Parque de Usaquen están chéveres, lástima que éste último me queda en la porra
Los parques que me han dejado matada hasta ahora fueron el de la 93, el del Virrey y el Simón Bolívar. Se hará todo lo posible por visitar más lugares, no se ve una cosa como estas todo los días, así que hay que aprovechar.
Sólo me queda desearles Feliz Navidad, espero que la pasen rico, que disfruten y se la gocen. Sí no reciben muchos regalos pues como me dijeron ya hoy, que me les den bastante amor.
*Dicen que la Plaza de Bolívar y el Parque de Usaquen están chéveres, lástima que éste último me queda en la porra
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