
Me quedó rondando en la cabeza el comentario de Atenea y la cuestión de los segundos ciclos. Según el programa curricular de psicología, ya entrados en sexto semestre se comienza el ciclo profesional de la carrera, cosa que me viene preocupando de sobremanera desde que comenzó este año.
Y es que esto de comenzar nuevos ciclos es bastante complicado: nuevas facetas, nuevas responsabilidades, nuevas preocupaciones,… en fin, todo un cúmulo de cosas que se vienen encima y lo ponen a reflexionar qué hacer y cómo hacerlo.
Hace algunos años tenía la importante decisión de escoger de qué iba a vivir; la elección no fue fácil y tuve que ver muchas alternativas, mirar mis habilidades y mis gustos y descubrir qué me inquietaba de este Universo conocido. Hasta que llegué a la psicología y con ella me quedé. Ahora veo que esta bella ciencia tiene un mundo de aplicaciones que en la vida me imaginé, y que a estas alturas del partido me toca empezar a escoger entre una de ellas. Eso implica que ahora sí debo pensar a qué me voy a dedicar en la vida, y lo peor de todo es que aún no sé muy bien qué es. Aquí empieza un arduo y complicado proceso de echarle pensadera a este asunto. Y como dijo Chelita hoy, no quiero que llegue el día de mi grado en que me convierta de una estudiante de la UNal a una cifra más del DANE en sus estadísticas de desempleados.
Y es que esto de comenzar nuevos ciclos es bastante complicado: nuevas facetas, nuevas responsabilidades, nuevas preocupaciones,… en fin, todo un cúmulo de cosas que se vienen encima y lo ponen a reflexionar qué hacer y cómo hacerlo.
Hace algunos años tenía la importante decisión de escoger de qué iba a vivir; la elección no fue fácil y tuve que ver muchas alternativas, mirar mis habilidades y mis gustos y descubrir qué me inquietaba de este Universo conocido. Hasta que llegué a la psicología y con ella me quedé. Ahora veo que esta bella ciencia tiene un mundo de aplicaciones que en la vida me imaginé, y que a estas alturas del partido me toca empezar a escoger entre una de ellas. Eso implica que ahora sí debo pensar a qué me voy a dedicar en la vida, y lo peor de todo es que aún no sé muy bien qué es. Aquí empieza un arduo y complicado proceso de echarle pensadera a este asunto. Y como dijo Chelita hoy, no quiero que llegue el día de mi grado en que me convierta de una estudiante de la UNal a una cifra más del DANE en sus estadísticas de desempleados.
Y aún quedan otras cosas por decidir...



