No le importas a nadie; es simple, sí no tienes algo que le interese a otro sencillamente no existes. Así funciona el mundo. ¿Necesitas de alguien?, debes entregarle algo a cambio, y vendrá el Todopoderoso en tu auxilio con un sentimiento de paternalidad hipócrita, pues el favor te va a salir caro.
¿Pesimista? Más bien realista; descubrir esta pútrida realidad es aterrador, tal vez era mejor no saber la verdad, vivir ignorante, pero tranquila. Vivir en ese letargo en el que nos sumerge la “sociedad”; nada ni nadie te importa, por lo único que te tienes que preocupar es por respirar, haz lo que tengas que hacer para eso y ya, el resto lo hará alguien más.
Despertar y ver que es lo que pasa, no poder hacer nada porque la mayoría aun están en su absoluta y feliz ignorancia mientras que unos pocos con su dedo meñique y su sonrisa maquiavélica los mantienen así.
Estás solo, no le importas a nadie y además sabes la verdad, lo sabes todo y no hay vuelta atrás. Te asqueas porque ya te haz quitado la venda del los ojos. ¿Cómo borrar la verdad?, no lo sé, parece imposible. La única solución posible: tener una actitud indiferente; ya que no puedes hacer nada y sólo quieres evitar estallar en mil pedazos, debes pasar por un ladito de la realidad, precaver un mínimo contacto con ella, y sí te alcanza, que no te enteres, cerrar los ojos, aún cuando escuche llantos y gemidos, aún cuando te toquen la espalda aún cuando te rocen. No les hagas caso, se indiferente ante todo.
Ahora me asquea mi indiferencia, los otros no lo saben, por eso no se les puede culpar por si indeferencia, no conocen nada. Estoy admitiendo su triunfo con mi silencio, el que calla otorga, y yo les estoy dando el poder de hacer esto una mierda. Si tan solo alguien saliera de su insensato sueño, y no sentirme sola en este caos, algo se podría hacer. Despierta, ¡hazlo ya!